¿Niño Problema?

Mis dos hijos pequeños (3 y 4 años) presentaron a muy temprana edad una conducta que a todos en casa nos volvía locos. La mayor de los dos, tenía solo 2 años cuando empezamos a tener problemas con ella, cada vez que se enojaba conmigo se orinaba sobre sus juguetes, si el enojo era mayor, no bastaba con sus juguetes, y cagaba en mi cama, claro siempre de mi lado (debo decir que el pipí, la caca y el vómito me producen un asco tal que me descompongo totalmente, incluso puedo llegar a vomitar con solo ver o sentir el olor). En el jardín, golpeaba a sus compañeros, se desnudaba completamente cada vez que se debía volver del recreo, se subía a la mesa tan solo para botar platos, vasos o cuanta cosa estuviera puesta sobre ella y seguían los ¡NO, tomes eso!, ¡NO rompas la ropa!, ¡NO le pegues a tus hermanos!, etc.
La presión que causo el tema al interior de nuestra familia, fue tanto que empezamos a dejar de visitar a los abuelos, tíos, amigos e incluso dejamos de ir a cumpleaños o cualquier evento social... no podiamos controlar a nuestra hija.
Ella es la segunda de tres hermanos, todos dicen que los niños del medio son más conflictivos, de alguna manera trataba de convencerme que el problema no lo tenía yo sino que la naturaleza, "los niños del medio son complicados" me repetía una y otra vez. Así transcurrió un año. Soportamos muchos problemas de conducta, muchos reclamos, mucha soledad... mi hija era un niño problema.
El primer diagnostico de una sicologa infantil, fue que efectivamente tenía una personalidad opositora, que era una niña más activa de los normal, pero que no tenía hiperactividad, que le faltaba madurar. Probamos pautas de conductas, las que suavisaron un poco su actuar, pero mi otro hijo, que ya tenía por ese entonces 2 años, empezó a presentar un descontrol en sus acciones, no obedecía a nadie y no respetaba nada, eso aceleró nuevamente a su hermana y comenzamos de nuevo.. esta ves multiplicado por dos.
Me siento hasta mal recordar todo lo que hicimos en nuestra busqueda por controlar a nuestros hijos, y la sicologa mucho no ayudaba, nos decía que si no controlamos ahora esta conducta nociva a futuro sería pequeños delincuentes. ¡debíamos hacer algo AHORA!
Probamos eliminando el NO del vocabulario, baños de agua fría cuando tenían pataletas y azotaban su cabeza contra el piso, teniamos un lugar de castigo, probamos con autoridad, gritos, violencia y al final no podiamos seguir, asi que tiramos todo y nos dedicamos a darles amor, mucho amor, ser empalagosamente amorosos. Bueno tampoco resulto mucho.
Así fue como dimos con el trastorno Opositor Desafiante Agresivo, llamado ODD por sus siglas en inglés. al que le daré un espacio extenso en otro momento.
Comenzamos con el tratamiento, el cual nos mostró que rol cumplimos en la familia y claro eramos una familia moderna, ambos eramos los jefes de hogar, trabajabamos, nos repartiamos las labores domesticas, los mismos roles... ambos compartiamos la autoridad en la educación de nuestros hijos. Aprendimos a marcar roles en la casa, yo tenía voz y voto en mi casa, pero no era la última palabra, esa la tenía mi esposo. Él dictaba las reglas y era la voz imponente de la casa, yo la mamá mediadora y comprensiva, yo verificaba que las cosas funcionaran y sino funcionaba entraba el papá a imponer ciertos castigos, los castigos normalmente eran acostarse en su cama (y ahí estaba yo revisando una y otra vez que el castigo se cumpliera), cuando las cosas se salian de control todos los niños debían ir a la cama, incluso los que se portaban bien, así al problematico le enseñabamos que su comportamiento perjudicaba a sus otros hermanos.
Después de seis meses los niños presentaron ese cambio que tanto esperabamos, comenzaron poco a poco a ser niños amorosos, tiernos, tranquilos, ya no destrozaban sus juguetes, ahora jugaban con ellos... eso nos hacía inmensamente feliz. 



 

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